Ponencias

Las ponencias e intervenciones girarán sobre estos tres ejes de discusión

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Ideas y sugerencias para discutir que proponen los participantes

La esfera emocional es hoy la dominante en el conflicto catalán y constituye la herida más difícil de curar, si es que ello es posible. A nivel político-jurídico existen soluciones constitucionales -u otras que tras una reforma de la Carta- podrían constituir salidas al problema en el medio plazo. No ocurre así a nivel emocional, tanto en el interno catalán como en la relación Cataluña-España. Mi intervención se plantea tratar de esta cuestión, destacando la necesidad de la aceptación “del otro” o de “los otros”, aceptación que debería ir seguida, o ser paralela, o ser el resultado del ofrecimiento de discursos racionales que proporcionen explicaciones y soluciones al conflicto.

Me siento muy honrado  de mis  relaciones con Cataluña, como escritor traducido al catalán y hasta premiado en esas prósperas latitudes, amén de contar con amigos literatos, editores e ilustradores muy cualificados, que me han acompañado en la feliz aventura de recuperar los cuentos de nuestros abuelos. (Ojo, los cuentos catalanes de tradición oral son esencialmente los mismos que los andaluces –y que los castellanos, los gallegos… los sicilianos, los rusos…-. Con esos amigos y profesionales  suelo compartir experiencias y preocupaciones, sobre todo en estos días.  Algunos  con algo más que preocupación: con miedo.

Para mí, lo más importante es cómo se ha silenciado, marginado o bastardeado la realidad histórica,  en el credo independentista. Estas son, a mi juicio, algunas píldoras para  la memoria (o  la desmemoria) que hay que restablecer por vía de urgencia.

-Es discutible que Cataluña sea una nación, pero desde luego no es una nación oprimida.

-Desde hace cuarenta años, Cataluña  es respetada y goza de una autonomía política que ya quisieran para sí muchos territorios europeos.

-Nadie prohíbe a los catalanes, ni siquiera les coarta,  expresarse en catalán, ni pone límites a su libertad de expresión.

-Si fuera una nación cultural, eso no les concedería el derecho automático a la autodeterminación. Si no lo fueran, tampoco al margen de las leyes del Estado español.

-Cataluña siempre ha estado involucrada en lo avatares de España, para bien y para mal. Nunca existió un estado catalán ni cosa parecida. (A modo de ejemplo: hubo tantos carlistas y franquistas catalanes como en el resto de España. Y una  curiosidad más: en el siglo XIX había en Cataluña cantidad de  bandoleros,  y no eran andaluces).

– La moderna prosperidad catalana se debe, en buena medida, tanto a dos siglos de proteccionismo estatal,  como al esfuerzo y a las penalidades de muchos andaluces,  así como de extremeños, murcianos, asturianos…

-Ese proteccionismo ha derivado en un ventajismo comercial inaceptable.

 

Creo que habría de tratarse de algún modo el significado actual del catalanismo político como elemento común de aglutinación de algunos segmentos de los sectores tanto independentistas como no y/o independentistas.

 

Entiendo que habría que debatir las nuevas formas de construir y relatar la identidad. Creo que esto es una cuestión central para entender el debate político, tanto hoy como ayer. La extensión del fenómeno de la globalización y de las realidades multiculturales están cambiando de una manera sustantiva las percepciones ciudadanas y los relatos y todo ello tiene traslación y trascendencia en la esfera política.

 

Creo que sería interesante abordar la PARADOJA ESPAÑOLA, consistente en que – como país – gestionamos mejor la diversidad cultural“externa”, la derivada de la inmigración reciente, hipotéticamente más difícil, que la diversidad cultural “interna”, con siglos de existencia.

A este respecto, cabría preguntarse:

a). Hasta qué punto hemos sustituido la “xenofobia” por la “endofobia”

b). En qué forma podríamos aplicar, a la diversidad interna, el modelo intercultural que tan buenos resultados está dando en la gestión de la diversidad cultural externa.

Sugiero que la perspectiva de lo que ha ocurrido, y como ha sido enfocado, en otros países en situaciones semejantes a la de la Cataluña de los últimos años (Quebec en Canadá, Escocia en el Reino Unido, Flandes en Bélgica) pueden ser muy útiles. En especial, creo que deberíamos prestar mayor atención, por ejemplo, a las enseñanzas jurídicas y políticas de la opinión consultiva de la Corte Suprema del Canadá: Reference Re Secession of Quebec, [1998] 2 SCR 217

Cabe debatir de los efectos de la globalización y la interdependencia económica sobre instrumentos y competencias de autogobierno y el concepto de soberanía. Asimismo, los limites del actual modelo de financiación, enmarcado en un sistema fiscal determinado, abordando aspectos de corresponsabilidad fiscal, igualdad, solidaridad.

Comparto plenamente el planteamiento de Jaume Lanaspa para la mesa 3, pero con un matiz. Además de debatir sobre la paradoja española, hacerlo por las mismas razones sobre la paradoja catalana.

Quisiera que en el concepto de nación se incluyese la reflexión ante el hecho de que la construcción de las identidades nacionales española, en sus diversas modalidades, no se ha hecho a partir de un discurso fraternal, ni de una concepción de Estado compartida, sino a partir de la victimización y la ruptura del nosotros, en nos y otros.   Restablecer un horizonte compartido, un nosotros, de alma y cuerpo federal, exige el desarrollo un vivo relato de fraternidad, porque el cemento principal del Estado y la convivencia es el deseo de estar juntos.

¿Cómo han afectado históricamente y sigue afectando la diversidad de capitalismos y el militarismo  en el desencuentro de los pueblos de España; y, en consecuencia, qué hacer para reencontrarnos desde la periferia?

En la presentación de nuestro Encuentro se dice que lo que “debemos hacer es dialogar para hallar un punto de encuentro o acercamiento que haga posible una renovada convivencia en un marco jurídico y político integrador de las diferentes opciones territoriales. Sea cual sea la fórmula que finalmente se pueda alcanzar (estado federal, estado confederado, estado autonómico renovado, independencia de Cataluña…) el diálogo y el encuentro seguirán siendo necesarios entre dos sociedades que se asientan en fundamentos históricos similares, aunque con identidades lingüísticas y culturales en buena medida diversas”.

En este sentido y partiendo de la propuesta de Carlos Arenas ¿Cómo han afectado históricamente y sigue afectando la diversidad de capitalismos y el militarismo en el desencuentro de los pueblos de España; y, en consecuencia, qué hacer para reencontrarnos desde la periferia?

 Propongo que discutamos:

1. La idea de que el reencuentro, para que sea posible, necesita de la izquierda y los valores de izquierda.

2. La República como punto de encuentro de las diversas aspiraciones.

3. La convicción de que debemos conocernos más y escucharnos más. Rechazar prejuicios 

Me gustaría incidir en la dimensión actual del concepto y la realidad de la soberanía. ¿Es alcanzable? ¿En qué escala es más o menos posible? ¿qué obstáculos la frenan, qué condiciones la hacen viable y de qué modo?”.

Trataría de realizar una aportación desde la historia que señale diversas cuestiones:

1) la existencia de procesos sociales comunes no sólo en Cataluña y Andalucía, sino también en el resto de España

2) la existencia de flujos migratorios, culturales y políticos Cataluña-Andalucía

3) Reflexionar brevemente sobre los usos de la historia desde Andalucía mirando a Cataluña

4) Apuntar algunas ideas sobre el papel de la industria editorial catalana y andaluza en la creación del relato histórico

La nueva Renaixença del catalanismo político pasa por el proyecto inequívoco de la construcción democrática de la Unión Europea y por el protagonismo indiscutible de unas metrópolis donde viven las mismas y diversas etnias, donde hablan las mismas y variadas lenguas, que comparten los mismos problemas y los mismos deseos y que, seguramente, han dejado de ser las capitales de unos estados-nación obsoletos.

Dentro de los ejes de debate de la primera mesa podría ser interesante introducir otro tema: la evolución del propio concepto de soberanía. Intentando conceptualizarlo (se confunde, a veces interesadamente, con el concepto de democracia) y contextualizarlo históricamente (de su nacimiento ligado al Estado-nación, a su futuro en un mundo de retos globales (no nacionales, ni siquiera estatales) donde asistimos a la pulsión entre, por un lado, diferentes tipos de repliegues nacionales, y por otro las cada vez más necesarias soberanías compartidas en entidades supranacionales.

Planteo algunos interrogantes sobre los que reflexionar:

¿la libertad fuera del trabajo no requiere de una libertad en el trabajo para hacer real y efectiva la condición de ciudadanía? ¿qué queda de la concepción de la ciudadanía cuya matriz es la Ilustración  y que según T.S. Marshall, de una manera un tanto mecánica e ingenua, representaba subir peldaños en los derechos que la completaban? ¿esta noción de la ciudadanía no es hoy una cuestión central a recuperar y reconstruir por el lenguaje de la democracia ante los usos y abusos políticos?

La política territorial es un aspecto sobre la crisis del estado-nación, pero cabría reflexionar sobre la relación Estado-Mercado, las popularizadas “razones del mercado” no hablan que no es el Estado sino su relación con el Mercado las que nos ofrecerían claves para interpretar la situación actual.  ¿Frente al “mercado total” qué otros proyectos cabría plantearse?

Las formas y los procesos de producción han mutado con los avances tecnológicos hasta hacerse irreconocibles. La “empresa” en tanto que infraestructura productiva ya no es un factor decisivo que atrae fuerza de trabajo a un lugar geográfico determinado, en cuanto que, gracias a la prevalencia de las nuevas tecnologías de la información, se dan de forma frecuente deslocalizaciones, externalizaciones y fragmentaciones de todo tipo en los procesos productivos. En algunos casos, los trabajadores ni siquiera saben con exactitud “en qué” y “para quién” trabajan. A lo que se suma la precariedad creciente en el empleo, de modo que hoy entras y mañana sales de un “curro” cuya lógica interna y sentido final se te escapan.

Esto supone un handicap grande para la conciencia de unidad de los trabajadores (de la “clase”), pero también representa una oportunidad de creación de nuevas solidaridades y reivindicaciones “desterritorializadas”, si se utilizan los mismos instrumentos informáticos que hace servir el empresariado. Mapear los procesos reales de producción, reseguir en tiempo real sus meandros y sus emboscadas, confrontar a los consejos de administración con sus responsabilidades allá donde realmente las tienen, puede y debe ser una labor sindical fructífera, de un carácter por una parte interterritorial (ahí se exige una coordinación que por el momento está en mantillas), y por otra de “grupo amplio” de empresas principales, subalternas, filiales, franquicias, proveedoras de trabajo negro, etc.

Me parece que entre Cataluña y Andalucía hay muchas más conexiones de este tipo de las que han sido detectadas hasta ahora, y que sería posible incluso, aunque difícil, llegar hasta la elaboración de plataformas reivindicativas conjuntas para casos o sectores concretos.

  • SUPERACIÓN DEL MARCO NACIONALISTA: METRÓPOLIS (Mesa 2). Javier Aristu

Plantear la relación Andalucía – Cataluña, y viceversa, según el clásico paradigma de naciones, nacionalidades o regiones en un Estado llamado España es incompleto o ya superado en este momento. El “marco teórico nacionalista” ha sido desbordado por uno nuevo de tipo global y universal.

Las sociedades catalanas y andaluzas se parecen más debido a la influencia que sobre ellas ejercen las dinámicas tecnológicas y económicas globalizadoras; sus posibles diversidades (lingüísticas, culturales, productivas) no son capaces de sostener un proyecto divergente basado precisamente en esas diversidades. La historia de los nuevos Estatutos de 2006 es una prueba de ello. De ahí que plantearse hoy en día un proyecto nacionalista o disyuntivo en ambas sociedades es ir hacia un callejón sin salida.

Más interesante me parece construir un proyecto político-cultural para el siglo XXI que arranque de la configuración de las nuevas y globalizadas sociedades urbanas metropolitanas: en ellas se concentran los principales vectores dinámicos de la humanidad y suponen los nuevos retos de convivencia global en el futuro.

Dentro de ese horizonte el problema entre Andalucía y Cataluña y de ambas con Europa se centra en el papel de las periferias subalternas. El arco mediterráneo-atlántico puede ser una periferia del orbe globalizado y, a su vez, Andalucía, si prosigue en pautas conservadoras, puede profundizar su posición periférica en relación con el eje Norte del Ebro. De ahí que haya más intereses comunes que divergentes entre ambas comunidades.

Como catalán y andaluz he vivido las dos caras del prejuicio, la desconfianza y en casos extremos el desprecio, entre los clichés de las identidades catalana y del resto de España (charnegos y catalinos). Por suerte, la convivencia rompe, generalmente,  esta distancia y nos muestra iguales, con nuestras diversidades que pueden  enriquecernos mutuamente. Pero esta incomodidad ante lo diverso puede azuzarse y llevarnos a sentirnos distintos, induciendo a brechas de convivencia. El procés ha cabalgado sobre las diferencias culturales e identitarias ( y no olvidemos, de clase social) y ha despertado la simétrica intolerancia de una parte significativa del resto de la sociedad española. Debemos fomentar la comprensión y el mestizaje cultural si queremos seguir juntos.

Estoy de acuerdo con lo planteado por José Luis Atienza y siguiendo en la línea del discurso fraternal añadir:

A partir de Alfonso Comín:

-La construcción de la Catalunya y la Andalucía actuales no se pueden entender la una sin la otra

-El reconocimiento de las otras comunidades y el avance y progreso de las otras culturas beneficia y enriquece y mutuamente y hace crecer la propia cultura.

-La solidaridad como eje crucial de la perspectiva autonómica, el derecho a la autonomía con criterio solidario

A partir de Javier Aristu:

–   “A finales de los 60 y primeros 70 el gran proyecto alternativo al de la burguesía catalana”: “síntesis de identidades de la inmigración con la catalana oriunda en un proyecto social, político y cultural integrador en una ‘nueva’ Catalunya”

A partir de Najat El Hachmi:

-“El Pujolismo hizo esfuerzos por ordenarnos la identidad ya entonces demasiado mestiza, demasiado charnega”.

Necesario superar los agravios históricos entre identidades nacionales y superar la historia hasta ahora explicada y difundida, con frecuencia manipulada, tal como relata el escritor Luis Sepúlveda en su “Isla perdida”.

A partir del Acuerdo de la Reforma Constitucional del Consell de la Generalitat Valenciana:

-Los hechos diferenciales que hay en España son objetivos y deben ser factores de inclusión, no de exclusión

– Reconocimiento constitucional de la pluralidad nacional

-Cada comunidad se interprete a la luz de su historia, su experiencia, sus expectativas

-El Estado federal como una forma de mantener unido lo que es diverso

Dos notas sobre Federalismo:

– Vínculo, unión fraternal preservando la identidad.

-Forma de garantizar la democracia, entendida como un acuerdo entre diferentes partes.

Dos notas, la lucha de clases en el eje del planteamiento:

A partir de Alfonso Comín:

-Entendiendo que el desequilibrio regional y la desigualdad social están estrechamente relacionados

A partir de Najat El Hachmi:

–  “La reivindicación de la catalanidad se articulaba en la intersección de la lucha de clases”

Imprescindible para cualquier propuesta tener en cuenta además de los académicos e investigadores nuestros escritores y escritoras: Paco Candel, Javier Pérez Andújar, Najat El Hachmi, entre otros.

Mi propuesta está en relación con el tipo de aproximación que se utilizará en la discusión. Propongo que se utilice una aproximación positiva (además de jurídica) a los temas y conceptos en discusión, de manera que reflexionemos sobre la viabilidad de los conceptos en nuestro contexto (p.e., la posibilidad de una reforma de la constitución en sentido federal) a partir de la experiencia comparada (en la línea de lo que comentaba J.J. Moreso), nuestras constricciones institucionales y los incentivos de los actores (fundamentalmente, los partidos políticos).

Me gustaría sumarme a la mesa 3 para reflexionar sobre los discursos en torno a la identidad tanto catalana como española, y exponer que al inmigrante procedente de otros países se le pone ante la disyuntiva de tener que escoger entre una o la otra. Creo que la ciudadanía en España se ha articulado en discursos identitarios distintos pero eso no ha sido asumido con normalidad por los propios españoles lo cual queda en evidencia ante la llegada de extranjeros que tienen que hacer frente a un cúmulo de contradicciones cuando intentan incorporarse a las distintas sociedades peninsulares.

Me gustaría tratar la interculturalidad entre los pueblos como una inequívoca señal de enriquecimiento mutuo. Sin ella no habría relación entre los pueblos ni posibilidades de crecimiento.

Mi ámbito de especialidad son los partidos políticos y he trabajado acerca de su papel en el proceso independentista.  Vistas las mesas de trabajo  mi intervención creo que se ajustaría bien a la Mesa 2. Me centraría en cómo se ha llegado a la situación actual y en cuales son las perspectivas de los distintos actores.

  • FLUJOS DE INTERACCIONES ENTRE CATALUÑA Y ANDALUCÍA (Mesa 2) Antonio Sánchez LópezLas economías de Cataluña y Andalucía están articuladas sobre flujos continuos de interacciones, construidos durante muchos años, sin barreras internas relevantes y que, de alterarse mediante el establecimiento de fronteras y marcos reguladores diferentes, se modificarían notablemente, pasando a ser sustituidos más que previsiblemente por otros flujos, con otros actores, cambios que dejarían a su paso –en el corto plazo- notables costes de ajuste.La relevante dimensión de las economías de ambas regiones y el carácter estratégico de buena parte de los flujos y de los soportes de los mismos (finanzas, seguros, comunicaciones, energía, química, alimentación…), haría que esas posibles alteraciones tuvieran unas severas repercusiones en la competitividad de sus empresas y en las rentas de sus habitantes, sin que quepa apreciar qué ventajas obtendría cada uno de esa nueva situación, habida cuenta la fluidez actual de las interacciones económicas.Si esta articulación se da en el plano productivo, a niveles sociales esa fuerte interacción sucede desde hace décadas, particularmente fortalecida con las migraciones de los años cuarenta a setenta, que han tramado un complejo mundo relacional entre las dos regiones, a través del cual no sólo han circulado personas, sino también valores e ideas, y que ha permitido el estímulo de múltiples iniciativas, sin las cuales las sociedades de ambas regiones serían mucho más pobres, tanto en el plano de sus recursos de conocimiento, como en lo cultural y moralmente.En el “mestizaje” al que las sociedades actuales se ven abocadas, el ya dado entre Andalucía y Cataluña ha sido especialmente fructífero, sin que se entrevea tampoco el sentido de la adopción de medidas que lo neutralicen a futuro.Sirvan como expresión de ese “mestizaje” las dos siguientes referencias: el 36,4% de las personas residentes en Cataluña nacieron fuera de esta Comunidad, una parte en el extranjero (el 47%) y el resto (53%) en otras CCAA; los nacidos en Andalucía son el 10,3% de la población de nacionalidad española residente en Cataluña. Esas cifras son señales de la intensidad de las relaciones que unen sociedades.